Como entender a los casanovas del siglos XXI

La originalidad no es el plato fuerte de los hombres en la conquista, con pasos casi militarizados y un manual de frases célebres en el bolsillo de la chaqueta, los hombres están dispuestos a toda hora a dedicarse a la tarea de cortejar mujeres, sin saber que la mayoría de las frases, expresiones y estrategias que han aplicado hasta el cansancio, son fácilmente detectables por los ojos femeninos.

Como si lo hubiesen aprendido en el colegio, mientras hacían sus primeras figuras en plastilina, los varoncitos poseen la inevitable característica de, en sus diversas -dos o tres- versiones, ser poco originales a la hora de enfrentarse al bando contrario en la tarea del cortejo. Aunque los casanovas modernos no lo asuman y se defiendan a ultranza diciendo que cada uno es un mundo y su forma de tratar a las mujeres varía cada vez que se tropiezan con alguna, la realidad -y esta vez manifestada por las afectadas en el caso- dice que el dichoso manual existe y siempre es puesto en práctica.

como conquistar a una mujer

 

Para algunos psicólogos, las conductas del hombre se encuentran explicadas en su contexto familiar, en lo aprendido en sus primeros años de vida, que luego marcará su comportamiento con el resto de las personas, incluyendo a las parejas. Las tácticas son prácticamente un legado que cada padre brinda a su hijo y, que cada hombre va alimentando y puliendo a medida que pasan los años.

 

Lanzarse a la cacería

A pesar de lo predecibles que ellos pueden ser, y esto aunque no está escrito se demuestra fácticamente a diario, sí existe algo que cambia en los hombres y sus estrategias para con las del bando femenino: la edad. A medida que el tiempo va avanzando, las técnicas se van perfeccionando, desechando las que no funcionan. En la adolescencia, los esquemas son ajenos, los imponen los amigos mayores y alguna que otra película. Cuando la adultez llega ellos van perfilando de acuerdo a sus fortalezas y debilidades un estilo que creen propio, pero que a los ojos femeninos, no es más que los mismos cánones de toda la vida.

 

hombre con muchas mujeres

 

Un segundo factor del que dependen las estrategias es el tipo de mujer con la que ellos se enfrenten, porque de acuerdo a sus estereotipos y etiquetas, hay las chicas de “en serio” y las de “todo lo contrario”. De ello dependerá lo delicado del trato, lo explícito y lo implícito, y lo que se dice o lo que jamás se comenta. Con las primeras la sutileza es la clave; con las segundas, poco importa la ternura.

 

Elementos infalibles

Así como un cazador jamás sale sin su fusil, un hombre jamás puede salir de su hogar sin una buena carga de chistes. La risa es la llave maestra para entrar en el terreno femenino sin que una mina les estalle cerca.

Usar la asertividad humorística, eso de decir el chiste adecuado en el momento preciso, es una gran herramienta, dicen todos. No hay quien no intente abordar a una mujer con una anécdota graciosa, bien sea inventada o de la vida real; todo para sacarle la sonrisa que rompa el hielo. El ingenio sería entonces la primera ley para zambullirse en el juego de la seducción, aunque hay los que todavía creen que con la excusa del tropezón o la frase legendaria “¿nos conocemos?” lograrán moverle el piso a las féminas.

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Una vez abordadas, la misión de ellos suele estar focalizada hacia el conocimiento de sus gustos, para sorpresivamente complacerlas en lo que se les antoja. Si les gusta la música, las llevarán a bailar; si ellas aman la comida mexicana, unos tacos serán perfectos para comenzar el romance.

 

La cena o el interrogatorio exhaustivo

La primera salida se caracteriza por las preguntas y respuestas que no paran de ir y venir. Aunque ellos no quieran admitirlo, son los hombres los que lanzan la primera piedra, con la finalidad de conocer la opinión de la chica que tienen en frente, y poder decir que están de acuerdo en todo lo que ella expuso; ellas pensarán -antes de leer estas palabras- que son seres sorprendentemente idénticos.

 

Lo que ellos no esconden es que la primera vez es una salida de inspección e investigación: gustos, sabores, colores, formas de pensar acerca de la vida, los hijos, el matrimonio, y como quien no quiere la cosa, una pregunta de sexo, se escapa entre el postre y el café.

 

Esta última no falla, porque al final de la cuenta, la máxima ley de los machos vernáculos indica que la finalidad es siempre la misma: enredarlas entre las sábanas de la pasión, asunto que ellos pretenden -en el mejor de los casos- resolver en dos o tres salidas. Para ello, la llamada melcochosa después de la primera cena no se hará esperar, decir “la pasé muy bien, espero que se repita”, aunque tenga una alta carga de azúcar, a ellos los hace sentir como una suerte de Rodolfo Valentinos del siglo XXI; y a nosotras con la misma inquietud de siempre: “todos son iguales pero, ¿cómo vivir sin ellos?“.

 

Dos trucos que nunca fallan

  • Una de las escenas más comunes, que a pesar de todo, aún tienen resultado en el bando femenino, es la de preguntarle la edad. Hay hombres que prefieren ni tocar el tema para no herir susceptibilidades; pero hay otros, que lo usan para caer en gracia. Se desarrollaría más o menos así:

– Él: ¿Cuántos años tienes tú?

– Ella (con voz picarona): ¿cuántos me calculas?

Es en esta respuesta cuando entra a funcionar la máxima ley masculina, porque los que la utilizan dicen que siempre hay que restarle al cálculo hecho previamente por lo menos unos cinco años.

  • Una segunda posibilidad, no manejada ni aupada por todos, es la de la indiferencia antes de abordarla. Para este caso, ellos manejan dos posibilidades: en la primera, “la víctima” -generalmente bonita- se encontrará asediada por las nunca infaltables “aves de rapiña”; situación que “el cazador” utilizará a su favor, ya que éste se encargará de tratarla con la suficiente indiferencia como para que a ella le nazca la duda de “¿quién es este que no me mira?”. Ella con seguridad con alguna excusa -como buscar un vaso o ir al baño- se acercará a una distancia prudente a este hombre, quien no desaprovechará la oportunidad de intentar decirle algo lo suficientemente ingenioso como para que ella no regrese a su puesto.

 

La segunda opción de este método, consiste en observar fijamente al objetivo, según ellos, con una de esas miradas descontroladoras; después de esto, la falta de interés de parte de los varones se hace sentir en el ambiente, invita a bailar varias veces a la que está al lado de ella y si hay otra fémina cerca, también. Hasta que al final de la noche, ya después de haber zarandeado por la pista a todas las de la fiesta, invita a la de la mirada arrasadora. Ella accederá (según estadísticas masculinas), y allí comienza la acción.